sábado, 12 de junio de 2010

De la no-ciudad a la ciudad (y viceversa, que tambien se agradece)

En este blog dedicado al concepto de la ciudad, no puedo dejar sin mencionar uno de los elementos primordiales que hacen que para mi sea tan placentero viajar, o al menos todo lo posible teniendo el cuenta la lejanía, el tren.

De este modo, cada ida, miro el reglado horario, que casi, por la experiencia, no me hace falta consultar, y viajo hasta Bilbao, en tranquilos, aburridos, agitados, conversa dores, expectantes, y un largo etcétera de adjetivos de las ya vividas idas y vueltas. viajar en el tren siempre tiene algo de especial, se produce una especie de ritual, por ejemplo, no conozco quien no se vista un mínimo para ir a la ciudad y por supuesto, a mi también me produce una sensacion bastante rara la perspectiva de no hacerlo y al final, casi siempre acabo arrepintiéndome .

El cambio de reino dura una media hora, si no hay problemas, que en ocasiones los hay, exhasperantes, pero esa es otra cuestión, pero donde se puede aprovechar para leer un buen libro, o al menos uno que entretenga, repasar los ultimas apuntes antes de un examen, (creedme si os digo que se agradece), o simplemente reencontrarse y charlar con algún vecino de la comarca, (esta expresión me suena siempre muy tolkien).

El precio, por el contrario, varía por zonas, días de la semana... pero teniendo en cuenta su popularidad, no cabe duda de que es una buena opción, al menos mucho mejor que coger el coche, porque Bilbao, sí, es genial, pero para los que queremos aparcar sin tener plaza, es realmente un sufrimiento.

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