domingo, 13 de marzo de 2011

¡Suenan campanas!

Hace una semana, tuve una boda en Valladolid. La verdad es que no me apetecía mucho ir, en menos de un par de semanas tengo un examen importante y a la siguiente otro, además no iba a conocer a nadie a parte del propio novio y mi familia, que es con quien iba.

Al final no estuvo mal, no se me hizo un día excesivamente largo, exceptuando los viajes, primero hasta Zamora (4horas), después hasta Valladolid en autobús (2horas), hasta el restaurante (media) y vuelta de todo eso.

La ceremonia fue bastante moderna, e incluso pusieron música, pero claro, todo eso se eclipsa si el "cura oficial de la familia" a quien todos conocemos, y que no es famoso precisamente por su concisión, te casca una misa de una hora y cuarto... Además, luego, en el restaurante, me tocó sentarme a su lado, es lo que tiene ir sin pareja, que no es que me queje, fue una charla amena y la comida estaba deliciosisisma, pero se echa de menos a gente de mi edad, aún así, la última vez que voy a una boda sin pareja.

Cuando llegamos a los postres, los amigos de la novia, a quienes había conocido en la cola del baño (extraño, pero cierto), me raptaron y fui a sentarme con ellos a la mesa y posteriormente a la pequeña fiesta. Creo que esta fue la diferencia de que pudiera verter un balance positivo de aquel día.

Sinceramente, no creo que en mi vida me resulte necesario montar algo así para confirmar mi amor con una persona, una ceremonia zulú en la playa mientras suena la bso de "La novia rebelde" será suficiente, espero poder mantener este pequeño espacio de mi el tiempo suficiente para contar si es verdad.


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