Esta ausencia de 2 días no ha sido por descanso ni mucho menos... Inesperadamente, mi familia (que reside en Zamora) ha venido de visita a Bilbao, o al "Norte", como dicen algunos por allí.
Es decir, que durante este fin de semana he ejercido con mis padres de anfitriona y les hemos mostrado las joyas de la corona de la ciudad, no sé a mis progenitores, pero a mi me ha encantado ver sus caras de admiración a través de mis gafas de sol (ha hecho unos días fantásticos y eso no hace que aumentar la belleza de lo que se contempla en mi opinión), tanto de mayores como de pequeños.
También hemos realizado todos un trabajo de retrospectiva, dandonos cuenta de lo mucho que ha cambiado todo, y se lo contabamos, para que se hiciesen una imagen mental, desde el Casco Viejo, caminando junto a la ria (cuyas aguas han cambiado de color del negro a un verde con toques esmeraldas), pasando por el puente del arquitecto Santiago Calatrava (un punto negro los días de lluvia), hasta llegar al grandioso Guggenheim, que nos guste o no, es el pilar sobre el que se ha desarrollado el nuevo Bilbao.
Las actividades concretas, una buena comida con productos típicos en un buen restaurante del Casco Viejo, que supuso un gran triunfo para todos, porque otra cosa puede que no, pero aquí nos sabemos cuidar muy bien.
Paradas en cada zona de juegos infantil (mis primas pequeñas no daban a basto), café en el restaurante del propio museo, fotos con "el pupi" que una de mis primas estaba haciendo sus cavilaciones para que cupiese en el coche y llevarselo a Castilla...
Me he sentido, como se dice en inglés, "full of myself", que al cambio sería algo así como llena de orgullo, y más aún cuando a esa satisfacción familiar, se le une una expresión de una pareja de americanos que dice así: "I think Bilbao is a lot more beautiful than Barcelona", no sé qué decir a esto, Gaudí y todo eso, tira mucho...
Sin embargo, ahora, a toro pasado, me doy cuenta de que es un orgullo un tanto agridulce, porque me siento con un "alma tránsfuga", lo cierto es que soy alavesa, lo pone en mi DNI.
Me resulta fascinante, comparto con usted esa idea, el choque cultural [y porque no decirlo, el choque en cuestión de modernidad] que coexiste dentro de nuestras fronteras.
ResponderEliminarEl mismo hecho de coger un autobus para realizar compras en unos grandes almacenes se convierta en algo tremendamente apasionante para gente de algunas provincias.
Yo fuí una vez uno de esos, con cariño, pueblerinos que se asombraban con las luces en Navidad y con los CortiLandias.
Aunque no cambiaría mi situación actual [metro, Ikea y tiendas de 24 horas], echo de menos la naturalidad de los pueblos, la cercana frescura de sus gente y la asboluta calma de la que carecen las grandes ciudades.
Saludos,
Daniel G.